La inminente salida de Bankia a la Bolsa española constituye un reto importante para las cajas de ahorro que quieran seguir la estela de esta entidad financiera, debido a la incertidumbre existente entre los inversores sobre el precio de la acción
La cotización en Bolsa de las cajas de ahorros españolas se ha convertido en el siguiente paso a afrontar por parte de estas entidades financiera tras el acelerado proceso de reestructuración que han sufrido en los últimos meses. La primera en la parrilla de salida es Bankia, el grupo de cajas liderado por Caja Madrid y Bancaja, que se encuentra en pleno proceso de captación de grandes inversores con el fin de asegurar el éxito de la colocación de sus acciones. Y es que la necesidad “imperativa” que tienen las cajas de ahorro por captar liquidez con el fin de hacer frente a las exigencias del mercado, una operación que se ha visto amenazada por las dudas que se ciernen sobre Grecia, ante una posible suspensión de pagos, y el precedente de Atento, que tuvo que suspender su salida a Bolsa ante la baja colocación alcanzada.
“La salida estrella a Bolsa es sin duda Bankia, que acude a los mercados ya que necesita captar recursos propios para cumplir con los requisitos de coberturas de coeficiente que está exigiendo el Banco de España. El gran problema que se está planteando es a qué precio van a salir al mercado”, asegura el catedrático de Economía Financiera de la Universidad de Castilla-La Mancha, Eliseo Navarro Elías.
Una incertidumbre que sigue latente entre los inversores, ya que se desconoce cuál es el precio que están dispuestos a pagar. “Un inversor está dispuesto a pagar por una acción en función de los beneficios esperados en el futuro. Lo importante en estos momentos es si la entidad financiera va a ser capaz de generar recursos propios para compensar la inversión que han realizado sus accionistas” subraya Navarro. “¿Qué precio está dispuesto la gente a pagar por esas acciones? Si las regalas nadie te va a decir que no quiere esas acciones pero entonces la entidad no conseguiría recursos”.
Y es que se trata de una operación en la que juega un papel importante aspectos como el nivel de saneamiento del balance de cuentas de la entidad, así como su capacidad de generar recursos y beneficios propios. La imagen de la economía española es otro de los elementos a tener en cuenta a la hora de fijar su precio en salida en Bolsa, un aspecto muy valorado por los inversores extranjeros y que, sin embargo, no juega muy a favor de las entidades que quieran iniciar su salida a Bolsa.
“El sector financiero español se vende mal, un factor que está presionando muy a la baja los precios de estas acciones”, indica este experto en economía financiera.
Situación exterior
La salida a Bolsa de las cajas españolas tampoco es ajena a la situación internacional, como es el caso de la reestructuración de la deuda griega, que trae de cabeza a los inversores extranjeros. Una situación que pone en tensión a los mercados y que está teniendo un efecto directo sobre la prima de riesgo española, que durante las últimas semanas se ha disparado por encima de los 250 puntos básicos, alcanzando records anuales en varias ocasiones.
“Todos estos problemas sobre la deuda griega, si hay o no que reestructurarla siembra una mayor incertidumbre sobre los mercados”, apunta Eliseo Navarro.
Y es que el problema de deuda que sufre el país heleno está afectando a buena parte del sector financiero, ya que son muchas las entidades francesas y alemanas que soportan parte de la deuda de Grecia, un factor que ha condicionado que las agencias de rating hayan decidido devaluar su calificación ante la exposición a la crisis helena. “Se trata de un factor que repercute al resto de la banca europea” indica el catedrático de Economía Financiera de la Universidad de Castilla-La Mancha.
lunes, 27 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
La receta "mágica" del Banco de España
¡Extra! ¡Extra! ¡El Banco de España parece haber dado la clave para salvar la economía española de los garrotazos de la crisis económica! Parece que después de muchos meses de meditación, el señor Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, parece haber encontrado la llave maestra para superar la delicada situación económica que atraviesa nuestro país en estos momentos, zarandeado por las desconfianzas de los mercados, la deuda de las autonomías y las interminables cifras que copan las listas del paro.
Pero... ¿cuál es esa genialidad idea que el señor Ordóñez ha querido compartir con todos los españoles? Pues el Banco de España ha hablado: en primer lugar aplicar unas reglas de gasto para aquellas comunidades autónomas que incumplan sus objetivos de estabilidad presupuestaria, una medida que tenía que haberse puesto en marcha desde los albores de la democracia, pero no sólo en las comunidades autónomas sino también en las entidades locales, que constituyen un gasto más que importante para las cuentas del Estado. Con esta medida habríamos evitado que muchos politiquillos de boquilla (de todos los colores) metieran sus alargados dedos en el “saco sin fondo” que han dejado en ruina a decenas de ayuntamientos en todo el territorio nacional.
Otra de las medidas sacadas de la chistera por el gobernador es incorporar nuevos impuestos asociados a la vivienda y al consumo con el objetivo de llenar las vacías arcas del Estado. ¿Es que acaso el Banco de España no es consciente que la última subida de IVA no tuvo ese efecto sino el contrario? Una nueva subida de impuestos, y por lo tanto, de precios no haría más que mermar la débil recuperación que está experimentando la confianza del consumidor. Un lastre que no haría más que dificultar la recuperación española y poner entre las cuerdas a miles de familias que apenas cuentan con ingresos para poder sobrevivir.
Sin embargo, las declaraciones más impactantes que ha realizado el señor Ordóñez tiene que ver con el marco laboral y el crecimiento del PIB. El gobernador achaca el dificultades de crecimiento del producto interior bruto español al elevado grado de indiciación salarial (esto es, la variación de las remuneraciones en función de los precios de consumo). Es cierto que España tiene mucho que aprender en cuanto a regulación laboral, pero una reducción de salarial no haría más que empeorar las cosas, ya que paralizaría el consumo, en definitiva, entraríamos en una espiral sin sentido de recortes de salarios, menos consumo, más dificultades para las empresas, más despidos....
Lo siento, señor Ordóñez, pero la crisis económica la hubiéramos superado ya hace tiempo si no hubiera existido un mercado inmobiliario sobredimensionado, un derroche de dinero público en medidas sin sentido, todo ello sin olvidar las enormes cargas impositivas que tienen los empresarios y la falta de crédito que ahogan y estrangulan cientos de proyectos empresariales.
Pero... ¿cuál es esa genialidad idea que el señor Ordóñez ha querido compartir con todos los españoles? Pues el Banco de España ha hablado: en primer lugar aplicar unas reglas de gasto para aquellas comunidades autónomas que incumplan sus objetivos de estabilidad presupuestaria, una medida que tenía que haberse puesto en marcha desde los albores de la democracia, pero no sólo en las comunidades autónomas sino también en las entidades locales, que constituyen un gasto más que importante para las cuentas del Estado. Con esta medida habríamos evitado que muchos politiquillos de boquilla (de todos los colores) metieran sus alargados dedos en el “saco sin fondo” que han dejado en ruina a decenas de ayuntamientos en todo el territorio nacional.
Otra de las medidas sacadas de la chistera por el gobernador es incorporar nuevos impuestos asociados a la vivienda y al consumo con el objetivo de llenar las vacías arcas del Estado. ¿Es que acaso el Banco de España no es consciente que la última subida de IVA no tuvo ese efecto sino el contrario? Una nueva subida de impuestos, y por lo tanto, de precios no haría más que mermar la débil recuperación que está experimentando la confianza del consumidor. Un lastre que no haría más que dificultar la recuperación española y poner entre las cuerdas a miles de familias que apenas cuentan con ingresos para poder sobrevivir.
Sin embargo, las declaraciones más impactantes que ha realizado el señor Ordóñez tiene que ver con el marco laboral y el crecimiento del PIB. El gobernador achaca el dificultades de crecimiento del producto interior bruto español al elevado grado de indiciación salarial (esto es, la variación de las remuneraciones en función de los precios de consumo). Es cierto que España tiene mucho que aprender en cuanto a regulación laboral, pero una reducción de salarial no haría más que empeorar las cosas, ya que paralizaría el consumo, en definitiva, entraríamos en una espiral sin sentido de recortes de salarios, menos consumo, más dificultades para las empresas, más despidos....
Lo siento, señor Ordóñez, pero la crisis económica la hubiéramos superado ya hace tiempo si no hubiera existido un mercado inmobiliario sobredimensionado, un derroche de dinero público en medidas sin sentido, todo ello sin olvidar las enormes cargas impositivas que tienen los empresarios y la falta de crédito que ahogan y estrangulan cientos de proyectos empresariales.
martes, 14 de junio de 2011
Guerra de precios en la telefonía móvil
La telefonía móvil ha sido el último sector en apuntarse a la guerra de precios. Telefónica, Vodafone y Orange ha reducido sus principales tarifas con el objetivo de mantener y recuperar el mayor número de clientes posibles. Y es que las tres principales compañías del sector de las telecomunicaciones han despertado de su letargo a ver que cada vez disfrutan de un trozo de pastel cada vez más pequeño.
Los llamados operadores virtuales, presentes en el sector desde hace algunos años, están consiguiendo poco a poco un mayor número de clientes, que optan por sus tarifas de bajo coste, un reclamo muy suculento en época de crisis. Un total de 2,88 millones de usuarios (de los cuáles 1,3 millones han sido captados en el último año) ya disponen de una línea telefónica perteneciente a unos de estos operadores low cost y la cifra podría aumentar en los próximos meses. Un nicho donde también se han alojado miles de clientes descontentos con los servicios que ofrecen las grandes operadoras.
Ante esta situación, Telefónica, líder en el sector, y Orange, tercera en cuanto al número de clientes han presentado sus cartas sobre la mesa para presentarse en el mercado como una opción económica. La compañía presidida por César Alierta ha apostado por ofrecer llamadas por seis céntimos el minuto con una cuota mensual de seis euros, un aspecto que puede causar confusión al cliente ya que se trata de un dinero que el cliente debe abonar de manera independiente al consumo que realice. Orange no ha querido ser menos y ha decidido contraatacar contra su gran rival ofreciendo una tarifa al mismo precio, sms más baratos que cualquiera de sus grandes rivales. Vodafone ha sido la última en contraatacar igualando las ofertas de sus rivales con la tarifa XS6.
Por una vez es el cliente el que se va a beneficiar se esta guerra de precios, una noticia muy buena si tenemos en cuenta que España poseía hasta el momento precios más caros que la media europea. Hasta hace muy poco, nuestro país era considerado uno de los grandes oasis de las empresas de telecomunicaciones, donde Telefónica, Vodafone y Orange mantenían un gran número de clientes y tan sólo luchaban por robar a cualquiera de sus archienemigos. Ahora la situación ha cambiado: los clientes no sólo buscan un buen terminal. También quiere una buena tarifa de precios.
Las grandes del sector parecen se han montado al carro de los precios low cost. No obstante, aún están un poco lejos de las tarifas que ofrecen los operadores sin red, que oscilan entre dos 2,4 y 3 céntimos por minuto en función de la compañía.
En definitiva, el mercado de la telefonía móvil vive su particular revolución de precios con el que las operadoras pretenden atraer al mayor número de clientes posibles y recuperar la cuota pérdida. Y es que la crisis económica ha afectado al bolsillo del consumidor, que busca disfrutar de un buen servicio telefónica a un menor coste posible.
Los llamados operadores virtuales, presentes en el sector desde hace algunos años, están consiguiendo poco a poco un mayor número de clientes, que optan por sus tarifas de bajo coste, un reclamo muy suculento en época de crisis. Un total de 2,88 millones de usuarios (de los cuáles 1,3 millones han sido captados en el último año) ya disponen de una línea telefónica perteneciente a unos de estos operadores low cost y la cifra podría aumentar en los próximos meses. Un nicho donde también se han alojado miles de clientes descontentos con los servicios que ofrecen las grandes operadoras.
Ante esta situación, Telefónica, líder en el sector, y Orange, tercera en cuanto al número de clientes han presentado sus cartas sobre la mesa para presentarse en el mercado como una opción económica. La compañía presidida por César Alierta ha apostado por ofrecer llamadas por seis céntimos el minuto con una cuota mensual de seis euros, un aspecto que puede causar confusión al cliente ya que se trata de un dinero que el cliente debe abonar de manera independiente al consumo que realice. Orange no ha querido ser menos y ha decidido contraatacar contra su gran rival ofreciendo una tarifa al mismo precio, sms más baratos que cualquiera de sus grandes rivales. Vodafone ha sido la última en contraatacar igualando las ofertas de sus rivales con la tarifa XS6.
Por una vez es el cliente el que se va a beneficiar se esta guerra de precios, una noticia muy buena si tenemos en cuenta que España poseía hasta el momento precios más caros que la media europea. Hasta hace muy poco, nuestro país era considerado uno de los grandes oasis de las empresas de telecomunicaciones, donde Telefónica, Vodafone y Orange mantenían un gran número de clientes y tan sólo luchaban por robar a cualquiera de sus archienemigos. Ahora la situación ha cambiado: los clientes no sólo buscan un buen terminal. También quiere una buena tarifa de precios.
Las grandes del sector parecen se han montado al carro de los precios low cost. No obstante, aún están un poco lejos de las tarifas que ofrecen los operadores sin red, que oscilan entre dos 2,4 y 3 céntimos por minuto en función de la compañía.
En definitiva, el mercado de la telefonía móvil vive su particular revolución de precios con el que las operadoras pretenden atraer al mayor número de clientes posibles y recuperar la cuota pérdida. Y es que la crisis económica ha afectado al bolsillo del consumidor, que busca disfrutar de un buen servicio telefónica a un menor coste posible.
domingo, 5 de junio de 2011
Ejercicio de responsabilidad
Las cuentas no salen. Las comunidades autónomas parecen no ser conscientes del ejercicio de responsabilidad, y sobretodo de austeridad, que deben realizar por el bien del conjunto español, que hoy día se encuentra en el punto de mira de inversores, agencias de calificación y medios de comunicación.
El balance de cuentas correspondientes al primer trimestre del año, que ha sido presentado recientemente por la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha dejado un mal sabor de boca al Gobierno por la falta de disciplina presupuestaria en el gasto realizado por las autonomías.
Y es que el gasto se ha disparado hasta un 5,4 por ciento en los tres primeros meses del año, hasta alcanzar los 5.000 millones de euros, una cifra que supone el 0,46 del producto interior bruto (PIB) y que pone en jaque las previsiones del Gobierno para controlar los desequilibrios económicos que se puedan dar a lo largo del todo el año. Y precisamente son las propias comunidades autónomas las que tienen en su poder la llave para realizar el ajuste presupuestario que necesita España para cumplir sus objetivos. Los datos correspondientes al gasto ejecutado por las comunidades autónomas derivan notablemente con el ejercicio de austeridad de la Administración central, que ha conseguido reducir a la mitad los números rojos entre enero y abril. Y es que contar con un techo de gasto presupuestario, sin olvidar el ejercicio de transparencia y desglose que ofrece el balance de cuentas de la Administración central, garantiza que los gastos sean los que tengan que ser. Ya es hora de que las comunidades autónomas se ajusten el cinturón, hagan un ejercicio de responsabilidad e impongan en sus cuentas un techo de gasto presupuestario, sin olvidar la correspondiente transparencia para que el ciudadano de a pie conozca con detalle en que se invierte hasta el último euro. Deficiencias del sistema presupuestario que no se pueden dar en pleno siglo XXI. Las comunidades autónomas tendrán que echar mano de nuevo”de las tijeras para ajustar el gasto y contribuir al ajuste del déficit. Entiendo que los presidentes autonómicos se piensen dos veces recortar en partidas sociales como la educación y la sanidad, sin contar el escaso margen de actuación que tienen las autonomías en la recaudación fiscal. Sin embargo, no estaría nada mal que tanto ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas pusieran en marcha una auditoría de cuentas con el objetivo de conocer la situación real de las economías locales y regionales, y buscar medidas efectivas y sostenibles que garanticen el buen funcionamiento de las correspondientes administraciones.
Otro de los ejercicios de responsabilidad que nuestros políticos electos tienen pendientes es realizar una racionalización del gasto. Basta ya de coches oficiales, de comidas de trabajo, viajes oficiales, consistorios con personal sobredimensionado, sueldos desproporcionados y desacordes con la economía actual, inversiones en proyectos inviables, que no llevan a ningún punto... ¡Señores políticos! !Hagan un ejercicio de responsabilidad!
El balance de cuentas correspondientes al primer trimestre del año, que ha sido presentado recientemente por la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha dejado un mal sabor de boca al Gobierno por la falta de disciplina presupuestaria en el gasto realizado por las autonomías.
Y es que el gasto se ha disparado hasta un 5,4 por ciento en los tres primeros meses del año, hasta alcanzar los 5.000 millones de euros, una cifra que supone el 0,46 del producto interior bruto (PIB) y que pone en jaque las previsiones del Gobierno para controlar los desequilibrios económicos que se puedan dar a lo largo del todo el año. Y precisamente son las propias comunidades autónomas las que tienen en su poder la llave para realizar el ajuste presupuestario que necesita España para cumplir sus objetivos. Los datos correspondientes al gasto ejecutado por las comunidades autónomas derivan notablemente con el ejercicio de austeridad de la Administración central, que ha conseguido reducir a la mitad los números rojos entre enero y abril. Y es que contar con un techo de gasto presupuestario, sin olvidar el ejercicio de transparencia y desglose que ofrece el balance de cuentas de la Administración central, garantiza que los gastos sean los que tengan que ser. Ya es hora de que las comunidades autónomas se ajusten el cinturón, hagan un ejercicio de responsabilidad e impongan en sus cuentas un techo de gasto presupuestario, sin olvidar la correspondiente transparencia para que el ciudadano de a pie conozca con detalle en que se invierte hasta el último euro. Deficiencias del sistema presupuestario que no se pueden dar en pleno siglo XXI. Las comunidades autónomas tendrán que echar mano de nuevo”de las tijeras para ajustar el gasto y contribuir al ajuste del déficit. Entiendo que los presidentes autonómicos se piensen dos veces recortar en partidas sociales como la educación y la sanidad, sin contar el escaso margen de actuación que tienen las autonomías en la recaudación fiscal. Sin embargo, no estaría nada mal que tanto ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas pusieran en marcha una auditoría de cuentas con el objetivo de conocer la situación real de las economías locales y regionales, y buscar medidas efectivas y sostenibles que garanticen el buen funcionamiento de las correspondientes administraciones.
Otro de los ejercicios de responsabilidad que nuestros políticos electos tienen pendientes es realizar una racionalización del gasto. Basta ya de coches oficiales, de comidas de trabajo, viajes oficiales, consistorios con personal sobredimensionado, sueldos desproporcionados y desacordes con la economía actual, inversiones en proyectos inviables, que no llevan a ningún punto... ¡Señores políticos! !Hagan un ejercicio de responsabilidad!
lunes, 30 de mayo de 2011
Todo vale para captar liquidez
Las entidades bancarias llevan varios meses ofreciendo interesantes ofertas con el objetivo de captar el mayor número de nóminas posibles. ¡500 euros por domiciliar la nómina! ¡Un televisor LCD! ¡Depósitos de alta rentabilidad! Regalos y más regalos con los que intentan engolosar las “suculentas” nóminas de aquellos españoles que tienen la suerte de estar trabajando.
Las necesidades financieras de bancos y cajas de ahorro, ante el proceso de reestructuración que desde hace varios meses están afrontando, ha llevado a numerosas entidades a comenzar una particular guerra del pasivo sin precedentes.
La falta de liquidez que sufren cajas y bancos se ha convertido en el principal estandarte de esta encarnizada lucha por captar nuevos clientes y mantenerlos en activo al menos un periodo mínimo de doce meses.
Pero los trabajadores no son el único objetivo de las zarpas de la banca. Los comercios están ahora en el nuevo punto de mira. Y es que cada vez son más las entidades que se suman también a la guerra del datófono (terminales de pago por tarjeta), ofreciendo a los comercios un atractivo descuento o incluso comisión cero durante un periodo de seis meses o un año.
Ante el cierre masivo de establecimientos como consecuencia de la crisis económica, ¿qué mejor estrategia que compensar la pérdida de clientes quitándoselos a la competencia?
Las necesidades financieras de bancos y cajas de ahorro, ante el proceso de reestructuración que desde hace varios meses están afrontando, ha llevado a numerosas entidades a comenzar una particular guerra del pasivo sin precedentes.
La falta de liquidez que sufren cajas y bancos se ha convertido en el principal estandarte de esta encarnizada lucha por captar nuevos clientes y mantenerlos en activo al menos un periodo mínimo de doce meses.
Pero los trabajadores no son el único objetivo de las zarpas de la banca. Los comercios están ahora en el nuevo punto de mira. Y es que cada vez son más las entidades que se suman también a la guerra del datófono (terminales de pago por tarjeta), ofreciendo a los comercios un atractivo descuento o incluso comisión cero durante un periodo de seis meses o un año.
Ante el cierre masivo de establecimientos como consecuencia de la crisis económica, ¿qué mejor estrategia que compensar la pérdida de clientes quitándoselos a la competencia?
miércoles, 18 de mayo de 2011
Revolucion juvenil
Los jóvenes de nuestro país parecen que por fin han levantado la cabeza para luchar por su futuro, pedir un trabajo digno y un acceso a la vivienda. Desde el pasado 15 de mayo son miles los jóvenes que han salido a las principales ciudades de nuestro país, no sólo para protestar su descontento con la clase política actual, sino también por la difícil situación laboral, los precios desorbitados de viviendas y alquileres, una situación que resulta insostenible para miles de jóvenes españoles.
Hasta la fecha, muchos jóvenes se encontraban estudiando mirando con recelo el día señalado del fin de sus estudios, una fecha para alistarse a la larga lista de desempleo, que hoy día supera el 44 por ciento para este colectivo, una cifra abrumadora que supera con creces la media europea. Otros llevan meses en casa de sus padres esperando una llamada para acudir a una preciada entrevista de trabajo. Los más suertudos están cuentan con una beca, donde adquieren una mísera retribución realizando las mismas tareas que un empleado corriente. “¿Cotizar? ¿Qué es eso?”, se preguntan muchos jóvenes que superan el cuarto de siglo debido a la falta de oportunidades que existen en nuestro tiempo.
Tampoco debemos olvidar a los miles de jóvenes que se han visto obligados a emigrar a otros países ante la falta de oportunidades. Cansados de estar en casa sin nada que hacer, decidieron en su día hacer la maleta y aventurarse a vivir en otro país y conseguir trabajo. Algunos consiguieron su objetivo, otros tuvieron que regresar al cabo de unos meses.
Y es que los últimos tres años se ha convertido en un auténtico infierno para la generación más preparada de toda la historia de nuestra sociedad. El comienzo de la crisis económica sumada al estallido de la burbuja inmobiliaria ha contribuido a la destrucción de numerosos puestos de trabajo, dejando a numerosos jóvenes sin oportunidades para salir adelante.
Ante la falta de efectividad de las medidas gubernamentales para acercar el empleo a las primeras generaciones, así como la campaña electoral autonómicas y municipales, ha conseguido levantar a miles de jóvenes indignados que piden un cambio social y político que les devuelva un poco de esperanza hacia un futuro que cada vez es más negro e incierto.
Mucho se ha escrito estos días sobre quién ha movido los hilos de los llamados “jóvenes indignados”, si estaban manipulados por algunos partidos políticos, si ha sido un movimiento espontáneo, si los antisistemas están detrás... Teorías conspiratorias, paranoias políticas que pretenden acabar con el verdadero mensaje que transmiten los jóvenes españoles, y es simplemente la indignación y descontento con la clase política y el contexto social. Ya era hora que los jóvenes de esta generación tomaran las riendas del carro para luchar, no sólo por su futuro sino por el de las generaciones venideras, que prácticamente se encuentran atenazadas por la realidad que los rodea. ¿No era hora de que por fin se escuchase la voz de lo más dañados por la crisis, la llamada generación perdida? Tan sólo voy a decir que cada uno debe luchar por lo que cree: #yeswecamp
Hasta la fecha, muchos jóvenes se encontraban estudiando mirando con recelo el día señalado del fin de sus estudios, una fecha para alistarse a la larga lista de desempleo, que hoy día supera el 44 por ciento para este colectivo, una cifra abrumadora que supera con creces la media europea. Otros llevan meses en casa de sus padres esperando una llamada para acudir a una preciada entrevista de trabajo. Los más suertudos están cuentan con una beca, donde adquieren una mísera retribución realizando las mismas tareas que un empleado corriente. “¿Cotizar? ¿Qué es eso?”, se preguntan muchos jóvenes que superan el cuarto de siglo debido a la falta de oportunidades que existen en nuestro tiempo.
Tampoco debemos olvidar a los miles de jóvenes que se han visto obligados a emigrar a otros países ante la falta de oportunidades. Cansados de estar en casa sin nada que hacer, decidieron en su día hacer la maleta y aventurarse a vivir en otro país y conseguir trabajo. Algunos consiguieron su objetivo, otros tuvieron que regresar al cabo de unos meses.
Y es que los últimos tres años se ha convertido en un auténtico infierno para la generación más preparada de toda la historia de nuestra sociedad. El comienzo de la crisis económica sumada al estallido de la burbuja inmobiliaria ha contribuido a la destrucción de numerosos puestos de trabajo, dejando a numerosos jóvenes sin oportunidades para salir adelante.
Ante la falta de efectividad de las medidas gubernamentales para acercar el empleo a las primeras generaciones, así como la campaña electoral autonómicas y municipales, ha conseguido levantar a miles de jóvenes indignados que piden un cambio social y político que les devuelva un poco de esperanza hacia un futuro que cada vez es más negro e incierto.
Mucho se ha escrito estos días sobre quién ha movido los hilos de los llamados “jóvenes indignados”, si estaban manipulados por algunos partidos políticos, si ha sido un movimiento espontáneo, si los antisistemas están detrás... Teorías conspiratorias, paranoias políticas que pretenden acabar con el verdadero mensaje que transmiten los jóvenes españoles, y es simplemente la indignación y descontento con la clase política y el contexto social. Ya era hora que los jóvenes de esta generación tomaran las riendas del carro para luchar, no sólo por su futuro sino por el de las generaciones venideras, que prácticamente se encuentran atenazadas por la realidad que los rodea. ¿No era hora de que por fin se escuchase la voz de lo más dañados por la crisis, la llamada generación perdida? Tan sólo voy a decir que cada uno debe luchar por lo que cree: #yeswecamp
El caos reina en la Eurozona
Los grandes problemas de deuda que sufren algunos países de la periferia trae de cabeza a la Eurozona. Y es que desde que dio comienzo la crisis económica los estados no han parado de gastar dinero público con en políticas sociales e infraestructuras, sin olvidar esos miles de millones de euros que fueron destinados a salvaguardar a numerosas entidades financieras del oscuro abismo de la bancarrota.
A pesar de los múltiples intentos para controlar la deuda pública y el déficit (a través de medidas impopulares como es la subida del IVA y del IRPF, recorte de los salarios públicos, contención del gasto en políticas sociales), países como España, Portugal, Irlanda y Grecia ha visto con gran impotencia cómo sus ingresos han caído de manera estrepitosa sin poder hacer nada para evitarlo.
Y es que cuando el paro supera con creces los cuatro millones y muchas familias carecen de ingresos para poder salir adelante, pedir un sacrificio en forma de impuesto resulta prácticamente imposible.
Uno de los problemas que estos últimos días ensombrecen el camino de la Unión Europea es la posible reestructuración de la deuda griega, que amenaza con afectar en un futuro próximo a las ayudas a Irlanda y Portugal. Y es que los más de 110.000 millones de euros previstos en el programa de asistencia actual resultan no ser suficiente para hacer frente a los problemas que atraviesa el país heleno. Algunas voces apuntan que Grecia necesitará al menos unos 60.000 millones de euros para conseguir hacer frente a sus problemas de deuda. Un cantidad que los expertos de la Eurozona todavía no se han atrevido a evaluar por miedo a despertar los fantasmas de los mercados internacionales y terminen de devorar lo que queda del país. Si es que todavía queda algo por recuperar. Desde que Grecia asumió que necesitaba un rescate financiero y lo aceptó bajo unas duras condiciones, el bono heleno ha sido calificado como basura por las agencias de calificación, aquellas que se dedicaron durante meses a destrozar la confianza de los inversores con sus evaluaciones, o lo que es lo mismo, opiniones, tal y cómo han asegurado sus directivos en algún que otro documental.
Para rematar la faena, los últimos datos dados a conocer por Eurostats indican que los datos del paro se ha disparado hasta un preocupante 15 por ciento en el país, a pesar del rescate ejecutado desde Bruselas.
Tras los problemas detectados en el programa de asistencia al país heleno, Europa se enfrenta a su viabilidad y credibilidad de las ayudas, pues la crisis griega no ha hecho más que agravarse.
¿Debe Europa pensar en una solución más integral para asegurar el futuro de sus integrantes? ¿Es la salida del euro la solución más viable para el descalabro heleno o de lo contrario, Europa debe formalizar medidas para su integración económica total? Este es momento para que la Eurozona reflexione medidas alternativas para consolidar la moneda única como la futura emisión de bonos europeos que acaben con la exigencia de los mercados en las letras del tesoro emitidas por Grecia, Portugal e Irlanda.
A pesar de los múltiples intentos para controlar la deuda pública y el déficit (a través de medidas impopulares como es la subida del IVA y del IRPF, recorte de los salarios públicos, contención del gasto en políticas sociales), países como España, Portugal, Irlanda y Grecia ha visto con gran impotencia cómo sus ingresos han caído de manera estrepitosa sin poder hacer nada para evitarlo.
Y es que cuando el paro supera con creces los cuatro millones y muchas familias carecen de ingresos para poder salir adelante, pedir un sacrificio en forma de impuesto resulta prácticamente imposible.
Uno de los problemas que estos últimos días ensombrecen el camino de la Unión Europea es la posible reestructuración de la deuda griega, que amenaza con afectar en un futuro próximo a las ayudas a Irlanda y Portugal. Y es que los más de 110.000 millones de euros previstos en el programa de asistencia actual resultan no ser suficiente para hacer frente a los problemas que atraviesa el país heleno. Algunas voces apuntan que Grecia necesitará al menos unos 60.000 millones de euros para conseguir hacer frente a sus problemas de deuda. Un cantidad que los expertos de la Eurozona todavía no se han atrevido a evaluar por miedo a despertar los fantasmas de los mercados internacionales y terminen de devorar lo que queda del país. Si es que todavía queda algo por recuperar. Desde que Grecia asumió que necesitaba un rescate financiero y lo aceptó bajo unas duras condiciones, el bono heleno ha sido calificado como basura por las agencias de calificación, aquellas que se dedicaron durante meses a destrozar la confianza de los inversores con sus evaluaciones, o lo que es lo mismo, opiniones, tal y cómo han asegurado sus directivos en algún que otro documental.
Para rematar la faena, los últimos datos dados a conocer por Eurostats indican que los datos del paro se ha disparado hasta un preocupante 15 por ciento en el país, a pesar del rescate ejecutado desde Bruselas.
Tras los problemas detectados en el programa de asistencia al país heleno, Europa se enfrenta a su viabilidad y credibilidad de las ayudas, pues la crisis griega no ha hecho más que agravarse.
¿Debe Europa pensar en una solución más integral para asegurar el futuro de sus integrantes? ¿Es la salida del euro la solución más viable para el descalabro heleno o de lo contrario, Europa debe formalizar medidas para su integración económica total? Este es momento para que la Eurozona reflexione medidas alternativas para consolidar la moneda única como la futura emisión de bonos europeos que acaben con la exigencia de los mercados en las letras del tesoro emitidas por Grecia, Portugal e Irlanda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)