Las entidades bancarias llevan varios meses ofreciendo interesantes ofertas con el objetivo de captar el mayor número de nóminas posibles. ¡500 euros por domiciliar la nómina! ¡Un televisor LCD! ¡Depósitos de alta rentabilidad! Regalos y más regalos con los que intentan engolosar las “suculentas” nóminas de aquellos españoles que tienen la suerte de estar trabajando.
Las necesidades financieras de bancos y cajas de ahorro, ante el proceso de reestructuración que desde hace varios meses están afrontando, ha llevado a numerosas entidades a comenzar una particular guerra del pasivo sin precedentes.
La falta de liquidez que sufren cajas y bancos se ha convertido en el principal estandarte de esta encarnizada lucha por captar nuevos clientes y mantenerlos en activo al menos un periodo mínimo de doce meses.
Pero los trabajadores no son el único objetivo de las zarpas de la banca. Los comercios están ahora en el nuevo punto de mira. Y es que cada vez son más las entidades que se suman también a la guerra del datófono (terminales de pago por tarjeta), ofreciendo a los comercios un atractivo descuento o incluso comisión cero durante un periodo de seis meses o un año.
Ante el cierre masivo de establecimientos como consecuencia de la crisis económica, ¿qué mejor estrategia que compensar la pérdida de clientes quitándoselos a la competencia?
lunes, 30 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Revolucion juvenil
Los jóvenes de nuestro país parecen que por fin han levantado la cabeza para luchar por su futuro, pedir un trabajo digno y un acceso a la vivienda. Desde el pasado 15 de mayo son miles los jóvenes que han salido a las principales ciudades de nuestro país, no sólo para protestar su descontento con la clase política actual, sino también por la difícil situación laboral, los precios desorbitados de viviendas y alquileres, una situación que resulta insostenible para miles de jóvenes españoles.
Hasta la fecha, muchos jóvenes se encontraban estudiando mirando con recelo el día señalado del fin de sus estudios, una fecha para alistarse a la larga lista de desempleo, que hoy día supera el 44 por ciento para este colectivo, una cifra abrumadora que supera con creces la media europea. Otros llevan meses en casa de sus padres esperando una llamada para acudir a una preciada entrevista de trabajo. Los más suertudos están cuentan con una beca, donde adquieren una mísera retribución realizando las mismas tareas que un empleado corriente. “¿Cotizar? ¿Qué es eso?”, se preguntan muchos jóvenes que superan el cuarto de siglo debido a la falta de oportunidades que existen en nuestro tiempo.
Tampoco debemos olvidar a los miles de jóvenes que se han visto obligados a emigrar a otros países ante la falta de oportunidades. Cansados de estar en casa sin nada que hacer, decidieron en su día hacer la maleta y aventurarse a vivir en otro país y conseguir trabajo. Algunos consiguieron su objetivo, otros tuvieron que regresar al cabo de unos meses.
Y es que los últimos tres años se ha convertido en un auténtico infierno para la generación más preparada de toda la historia de nuestra sociedad. El comienzo de la crisis económica sumada al estallido de la burbuja inmobiliaria ha contribuido a la destrucción de numerosos puestos de trabajo, dejando a numerosos jóvenes sin oportunidades para salir adelante.
Ante la falta de efectividad de las medidas gubernamentales para acercar el empleo a las primeras generaciones, así como la campaña electoral autonómicas y municipales, ha conseguido levantar a miles de jóvenes indignados que piden un cambio social y político que les devuelva un poco de esperanza hacia un futuro que cada vez es más negro e incierto.
Mucho se ha escrito estos días sobre quién ha movido los hilos de los llamados “jóvenes indignados”, si estaban manipulados por algunos partidos políticos, si ha sido un movimiento espontáneo, si los antisistemas están detrás... Teorías conspiratorias, paranoias políticas que pretenden acabar con el verdadero mensaje que transmiten los jóvenes españoles, y es simplemente la indignación y descontento con la clase política y el contexto social. Ya era hora que los jóvenes de esta generación tomaran las riendas del carro para luchar, no sólo por su futuro sino por el de las generaciones venideras, que prácticamente se encuentran atenazadas por la realidad que los rodea. ¿No era hora de que por fin se escuchase la voz de lo más dañados por la crisis, la llamada generación perdida? Tan sólo voy a decir que cada uno debe luchar por lo que cree: #yeswecamp
Hasta la fecha, muchos jóvenes se encontraban estudiando mirando con recelo el día señalado del fin de sus estudios, una fecha para alistarse a la larga lista de desempleo, que hoy día supera el 44 por ciento para este colectivo, una cifra abrumadora que supera con creces la media europea. Otros llevan meses en casa de sus padres esperando una llamada para acudir a una preciada entrevista de trabajo. Los más suertudos están cuentan con una beca, donde adquieren una mísera retribución realizando las mismas tareas que un empleado corriente. “¿Cotizar? ¿Qué es eso?”, se preguntan muchos jóvenes que superan el cuarto de siglo debido a la falta de oportunidades que existen en nuestro tiempo.
Tampoco debemos olvidar a los miles de jóvenes que se han visto obligados a emigrar a otros países ante la falta de oportunidades. Cansados de estar en casa sin nada que hacer, decidieron en su día hacer la maleta y aventurarse a vivir en otro país y conseguir trabajo. Algunos consiguieron su objetivo, otros tuvieron que regresar al cabo de unos meses.
Y es que los últimos tres años se ha convertido en un auténtico infierno para la generación más preparada de toda la historia de nuestra sociedad. El comienzo de la crisis económica sumada al estallido de la burbuja inmobiliaria ha contribuido a la destrucción de numerosos puestos de trabajo, dejando a numerosos jóvenes sin oportunidades para salir adelante.
Ante la falta de efectividad de las medidas gubernamentales para acercar el empleo a las primeras generaciones, así como la campaña electoral autonómicas y municipales, ha conseguido levantar a miles de jóvenes indignados que piden un cambio social y político que les devuelva un poco de esperanza hacia un futuro que cada vez es más negro e incierto.
Mucho se ha escrito estos días sobre quién ha movido los hilos de los llamados “jóvenes indignados”, si estaban manipulados por algunos partidos políticos, si ha sido un movimiento espontáneo, si los antisistemas están detrás... Teorías conspiratorias, paranoias políticas que pretenden acabar con el verdadero mensaje que transmiten los jóvenes españoles, y es simplemente la indignación y descontento con la clase política y el contexto social. Ya era hora que los jóvenes de esta generación tomaran las riendas del carro para luchar, no sólo por su futuro sino por el de las generaciones venideras, que prácticamente se encuentran atenazadas por la realidad que los rodea. ¿No era hora de que por fin se escuchase la voz de lo más dañados por la crisis, la llamada generación perdida? Tan sólo voy a decir que cada uno debe luchar por lo que cree: #yeswecamp
El caos reina en la Eurozona
Los grandes problemas de deuda que sufren algunos países de la periferia trae de cabeza a la Eurozona. Y es que desde que dio comienzo la crisis económica los estados no han parado de gastar dinero público con en políticas sociales e infraestructuras, sin olvidar esos miles de millones de euros que fueron destinados a salvaguardar a numerosas entidades financieras del oscuro abismo de la bancarrota.
A pesar de los múltiples intentos para controlar la deuda pública y el déficit (a través de medidas impopulares como es la subida del IVA y del IRPF, recorte de los salarios públicos, contención del gasto en políticas sociales), países como España, Portugal, Irlanda y Grecia ha visto con gran impotencia cómo sus ingresos han caído de manera estrepitosa sin poder hacer nada para evitarlo.
Y es que cuando el paro supera con creces los cuatro millones y muchas familias carecen de ingresos para poder salir adelante, pedir un sacrificio en forma de impuesto resulta prácticamente imposible.
Uno de los problemas que estos últimos días ensombrecen el camino de la Unión Europea es la posible reestructuración de la deuda griega, que amenaza con afectar en un futuro próximo a las ayudas a Irlanda y Portugal. Y es que los más de 110.000 millones de euros previstos en el programa de asistencia actual resultan no ser suficiente para hacer frente a los problemas que atraviesa el país heleno. Algunas voces apuntan que Grecia necesitará al menos unos 60.000 millones de euros para conseguir hacer frente a sus problemas de deuda. Un cantidad que los expertos de la Eurozona todavía no se han atrevido a evaluar por miedo a despertar los fantasmas de los mercados internacionales y terminen de devorar lo que queda del país. Si es que todavía queda algo por recuperar. Desde que Grecia asumió que necesitaba un rescate financiero y lo aceptó bajo unas duras condiciones, el bono heleno ha sido calificado como basura por las agencias de calificación, aquellas que se dedicaron durante meses a destrozar la confianza de los inversores con sus evaluaciones, o lo que es lo mismo, opiniones, tal y cómo han asegurado sus directivos en algún que otro documental.
Para rematar la faena, los últimos datos dados a conocer por Eurostats indican que los datos del paro se ha disparado hasta un preocupante 15 por ciento en el país, a pesar del rescate ejecutado desde Bruselas.
Tras los problemas detectados en el programa de asistencia al país heleno, Europa se enfrenta a su viabilidad y credibilidad de las ayudas, pues la crisis griega no ha hecho más que agravarse.
¿Debe Europa pensar en una solución más integral para asegurar el futuro de sus integrantes? ¿Es la salida del euro la solución más viable para el descalabro heleno o de lo contrario, Europa debe formalizar medidas para su integración económica total? Este es momento para que la Eurozona reflexione medidas alternativas para consolidar la moneda única como la futura emisión de bonos europeos que acaben con la exigencia de los mercados en las letras del tesoro emitidas por Grecia, Portugal e Irlanda.
A pesar de los múltiples intentos para controlar la deuda pública y el déficit (a través de medidas impopulares como es la subida del IVA y del IRPF, recorte de los salarios públicos, contención del gasto en políticas sociales), países como España, Portugal, Irlanda y Grecia ha visto con gran impotencia cómo sus ingresos han caído de manera estrepitosa sin poder hacer nada para evitarlo.
Y es que cuando el paro supera con creces los cuatro millones y muchas familias carecen de ingresos para poder salir adelante, pedir un sacrificio en forma de impuesto resulta prácticamente imposible.
Uno de los problemas que estos últimos días ensombrecen el camino de la Unión Europea es la posible reestructuración de la deuda griega, que amenaza con afectar en un futuro próximo a las ayudas a Irlanda y Portugal. Y es que los más de 110.000 millones de euros previstos en el programa de asistencia actual resultan no ser suficiente para hacer frente a los problemas que atraviesa el país heleno. Algunas voces apuntan que Grecia necesitará al menos unos 60.000 millones de euros para conseguir hacer frente a sus problemas de deuda. Un cantidad que los expertos de la Eurozona todavía no se han atrevido a evaluar por miedo a despertar los fantasmas de los mercados internacionales y terminen de devorar lo que queda del país. Si es que todavía queda algo por recuperar. Desde que Grecia asumió que necesitaba un rescate financiero y lo aceptó bajo unas duras condiciones, el bono heleno ha sido calificado como basura por las agencias de calificación, aquellas que se dedicaron durante meses a destrozar la confianza de los inversores con sus evaluaciones, o lo que es lo mismo, opiniones, tal y cómo han asegurado sus directivos en algún que otro documental.
Para rematar la faena, los últimos datos dados a conocer por Eurostats indican que los datos del paro se ha disparado hasta un preocupante 15 por ciento en el país, a pesar del rescate ejecutado desde Bruselas.
Tras los problemas detectados en el programa de asistencia al país heleno, Europa se enfrenta a su viabilidad y credibilidad de las ayudas, pues la crisis griega no ha hecho más que agravarse.
¿Debe Europa pensar en una solución más integral para asegurar el futuro de sus integrantes? ¿Es la salida del euro la solución más viable para el descalabro heleno o de lo contrario, Europa debe formalizar medidas para su integración económica total? Este es momento para que la Eurozona reflexione medidas alternativas para consolidar la moneda única como la futura emisión de bonos europeos que acaben con la exigencia de los mercados en las letras del tesoro emitidas por Grecia, Portugal e Irlanda.
viernes, 6 de mayo de 2011
Si no se vende en casa...
Pepiño (alías del ministro de Fomento, José Blanco) parece que lo tiene muy claro. Si el stock inmobiliario no consigue venderse entre los compradores españoles habrá que buscar nuevos interesados fuera de nuestras fomentar con el fin de acabar con el estancamiento que sufre el mercado inmobiliario.
Un estancamiento que se produce a pesar del descenso de precios que ha sufrido buena parte del stock en los tres últimos años, como consecuencia del estallido del boom inmobiliario. Opiniones hay para todos los gustos: algunos expertos vaticinan que el precio de los inmuebles aún tienen que descender mucho más. Otros afirman que la bajada de precios en el sector ya ha tocado fondo y señalan con total seguridad que será difícil que los precios en el sector continúen bajando en los próximos años.
La verdad es que resulta difícil adivinar cómo irán evolucionando los precios en el sector de la vivienda. Y es que son muchas las entidades bancarias que acumulan una gran cantidad de vivienda, que se encuentran a la espera de que el sector remonte para que salgan al mercado. Lo cierto es que si los bancos y entidades financieras sacarán al mercado todo el stock acumulado, los precios en el mercado se hundirían a niveles inconcebibles para muchos promotores e inmobiliarias.
Ante este panorama José Blanco ha decidido sacar pecho y mostrar al mundo lo grandioso que es comprar y tener una casa en España. Y es que resulta fundamental saber venderse para convencer al extranjero de las maravillosas vistas que ofrece las casas españolas, las impecables calidades de los materiales de construcción, sin olvidar el espléndido clima que ofrece nuestro país.
Todo vale para conseguir compradores, incluso no tener una titulación o no tener ni puñetera idea de inglés. Porque así son nuestros políticos. Es el caso de nuestro querido José Blanco, que acaba de iniciar su particular “road show” en Londres para conseguir atraer a los inversores británicos, el principal comprador extranjero de la vivienda vacacional en España. Para ello ha dado a conocer que algunos inmuebles contarán con hasta un 40 por ciento de descuento en sus precios.
Sin embargo las buenas intenciones de nuestro querido ministro de Fomento no ha tenido la acogida esperada, que ha sido más bien amarga. Su visita ha tenido una virulenta reacción entre diversos sectores británicos ya que son más de 50.000 inversores los que han perdido sus casas al ser considerada ilegales con la Ley de Costas de 2008 o las fianzas que depositaron para unas viviendas que nunca llegaron a construirse. Una imagen pésima para España.
Un estancamiento que se produce a pesar del descenso de precios que ha sufrido buena parte del stock en los tres últimos años, como consecuencia del estallido del boom inmobiliario. Opiniones hay para todos los gustos: algunos expertos vaticinan que el precio de los inmuebles aún tienen que descender mucho más. Otros afirman que la bajada de precios en el sector ya ha tocado fondo y señalan con total seguridad que será difícil que los precios en el sector continúen bajando en los próximos años.
La verdad es que resulta difícil adivinar cómo irán evolucionando los precios en el sector de la vivienda. Y es que son muchas las entidades bancarias que acumulan una gran cantidad de vivienda, que se encuentran a la espera de que el sector remonte para que salgan al mercado. Lo cierto es que si los bancos y entidades financieras sacarán al mercado todo el stock acumulado, los precios en el mercado se hundirían a niveles inconcebibles para muchos promotores e inmobiliarias.
Ante este panorama José Blanco ha decidido sacar pecho y mostrar al mundo lo grandioso que es comprar y tener una casa en España. Y es que resulta fundamental saber venderse para convencer al extranjero de las maravillosas vistas que ofrece las casas españolas, las impecables calidades de los materiales de construcción, sin olvidar el espléndido clima que ofrece nuestro país.
Todo vale para conseguir compradores, incluso no tener una titulación o no tener ni puñetera idea de inglés. Porque así son nuestros políticos. Es el caso de nuestro querido José Blanco, que acaba de iniciar su particular “road show” en Londres para conseguir atraer a los inversores británicos, el principal comprador extranjero de la vivienda vacacional en España. Para ello ha dado a conocer que algunos inmuebles contarán con hasta un 40 por ciento de descuento en sus precios.
Sin embargo las buenas intenciones de nuestro querido ministro de Fomento no ha tenido la acogida esperada, que ha sido más bien amarga. Su visita ha tenido una virulenta reacción entre diversos sectores británicos ya que son más de 50.000 inversores los que han perdido sus casas al ser considerada ilegales con la Ley de Costas de 2008 o las fianzas que depositaron para unas viviendas que nunca llegaron a construirse. Una imagen pésima para España.
lunes, 2 de mayo de 2011
El estrangulamiento financiero de las pymes
Según los datos dados a conocer por el Banco Central Europeo (BCE), sólo algo más del 50 por ciento de las pymes españolas consiguieron en el segundo semestre de 2010 el crédito solicitado, un dato que se distancia con la media europea, que se sitúa en un 66 por ciento, y que contrasta enormemente con el dato alemán, que indica un 79 por ciento. Estos datos constituyen una verdadera radiografía de cómo se encuentra el panorama empresarial a nivel europeo ya que dejan en evidencia que los engranajes de la locomotora alemana funcionan prácticamente con total normalidad.
En el caso de España, nuestras empresas se encuentran completamente asfixiadas por la falta de liquidez, debido a la desconfianza de los bancos a prestar dinero para que muchos negocios españoles puedan continuar adelante. A pesar de las ayudas que el Gobierno dio a muchas entidades españolas para sanear sus cuentas ante la virulencia de la crisis económica, y la posterior reestructuración del sector ante la gran saturación de cajas y bancas en el panorama español, los bancos y las cajas de ahorro parecen reacios a confiar en los empresarios españoles para conceder nuevos préstamos.
Y es que ante el cierre del grifo bancario, muchas compañías se han visto obligadas a realizar recortes en personal, reducir gastos para poder salir adelante. Sin embargo, a veces los recortes no son suficientes y muchos empresarios se ven abocados al cierre de su negocio, a pesar de que no le iba tan mal. Todo por la falta de liquidez.
Entiendo que pedir un préstamo al banco no resulta nada fácil, y más con la que nos ha caído encima. Entiendo que las pymes deben demostrar la viabilidad de sus cuentas y que cuentan con los recursos necesarios para afrontar el pago del crédito. Pero debemos pensar en los cinco millones de parados que no encuentran trabajo porque las pymes no cuentan el dinero suficiente para pagar sus nóminas.
En este sentido, las instituciones gubernamentales deberían realizar más acciones para facilitar el acceso al crédito para revitalizar el tejido productivo, además de impulsar el nacimiento de nuevas empresas a través de medidas que faciliten el crédito a los nuevos emprendedores.
Las pequeñas y medianas empresas son las principales creadoras de empleo en nuestro país. Por lo tanto, si se pretende combatir el paro debemos poner en marcha medidas que faciliten el acceso al crédito a las pymes para crear puestos de empleo. Porque los problemas deben combatirse desde raíz. No tiene sentido gastar grandes cantidades de dinero público en formación y en subvencionar la contratación de personal en las empresas españolas si luego no existen posibilidades reales para que ese puesto de trabajo se mantenga.
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