domingo, 28 de agosto de 2011

¡Ser fijo es un lujo!

Con el objetivo de reducir el paro juvenil y dotar de mayor flexibilidad al mercado laboral español, el Gobierno ha puesto sobre la mesa nuevas medidas encaminadas a ampliar la temporalidad de los contratos de manera ilimitada, al menos hasta que el empleo se estabilice.
Una medida que seguramente será aplaudida por empresarios y criticada por sindicatos, que permitirá que los contratos basura se extiendan como una infección contagiosa por el panorama español. Hasta la fecha cualquier trabajador que estuviese contratado dos años en un periodo de 30 meses adquiría la condición de fijo. Pero parece que ésto está a punto de cambiar.
¡Y es que ser fijo hoy día es un lujo, señores! ¡Y ser funcionario es un título de prestigio! La crisis económica ha generado en nuestro país un problema muy grave: la necesidad de encontrar trabajo al precio que sea. Es tal la desesperación que algunos están dispuestos a aceptar cualquier puesto laboral renunciado a sus derechos y por el salario mínimo interprofesional. ¿Es ésta la sociedad del bienestar que queremos? Ya sólo falta que trabajemos gratis o incluso tengamos que pagar por nuestro desempeño laboral. En tan sólo cuatro años hemos pasado de la bonanza económica a una situación de penuria laboral, donde más de cuatro millones de parados buscan un empleo de manera desesperada. Miles de empresarios y autónomos han tenido que cerrar sus negocios, en muchas ocasiones ante la falta de créditos y liquidez.
¿No debería Zapatero enfocar sus medidas a potenciar el sector empresarial facilitándoles el acceso a créditos, reduciendo el plazo de los Ayuntamientos a abonar los servicios prestados a estas compañías, que en muchas ocasiones tienen que esperar hasta más de dos años para ver un duro? ¿Y que pasa con los emprendedores? El Gobierno parece haberlos dejado en el olvido. Apenas existen medidas que faciliten la creación de nuevas empresas (algunas de las pocas ayudas que existen están destinadas a emprendedores menores de 30).
Y a la hora de conformar una nueva compañía, el empresario debía realizar largos trámites costosos hasta hace unos ocho meses. No ha sido hasta diciembre de 2010 cuando el Gobierno de Zapatero puso en marcha un decreto que permite a los nuevos empresarios realizar los trámites necesarios para constituir, de manera telemática, una microempresa en 24 horas por tan sólo 100 euros. Una medida que realmente hacía falta y que apenas se ha dado a conocer entre los españoles.
Por otro lado, el líder del Ejecutivo debería pedir un sacrificio a las grandes empresas con beneficios que destinasen parte de sus ganancias a financiar, mediante alguna tasa, parte de los programas de formación profesional, tal y cómo ocurre en Alemania. Una iniciativa que beneficiaría enormemente al mercado laboral y que finalmente repercutiría positivamente en el entramado empresarial gracias a la calidad de la formación del personal, que posteriormente pasarían a trabajar en el seno de estas grandes empresas. España debe aprender de sus errores en el mercado laboral, flexibilizar la creación de empresas y contratos, sin necesidad de sacrificar las condiciones del trabajador.

lunes, 22 de agosto de 2011

Cuando la unión hace la fuerza

Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy han tenido la oportunidad de oro para demostrar que Europa puede con la crisis de deuda y con los especuladores pero no ha sido así. Los eurobonos tendrán que esperar. La reunión franco-alemán destinada a atajar los problemas de la eurozona ha sido recibida como un fiasco para las bolsas mundiales y para los inversores, que han comprobado que las decisiones tomadas por ambos dirigentes tan sólo sirven para estirar un poco más la agonía del euro. Y es que la existencia de nuestra moneda única necesita urgentemente de políticas de integración económica y consolidación fiscal que demuestren que Europa se encuentra unida, que no existe la llamada Europa de las dos velocidades. Es cierto que imponer a todos los países un límite de endeudamiento es una medida acertada, pero no suficiente para acabar con los problemas de financiación que sufren sobretodo los países periféricos.
La propuesta de la creación de un “Gobierno real” en la eurozona constituye un avance para Europa y una reafirmación del compromiso por parte de ambos mandatarios, acusados en multitud de ocasiones de abogar por sus intereses antes que del conjunto europeo.
No obstante, la creación de los eurobonos y la ampliación de los fondos de rescate sería las propuestas más viables para que la supervivencia del euro, que pasa por uno de los momentos más críticos desde que se iniciase la crisis en 2008. Y es que estas medidas exigen un fuerte compromiso por parte de Alemania y Francia, que podría comprometer la máxima calificación crediticia que tienen ambos estados, un privilegio que para nada quieren perder.
A todos estos problemas se une el proceso de ralentización que afecta a la economía mundial, un paso atrás que podría traer de vuelta la recesión y dejar constancia de la verdadera virulencia con la que actúa esta crisis, que dejaría el crack de 1929 como algo anecdótico.
De esta ralentización tampoco se libra Alemania, considerada el motor de Europa, que apenas ha crecido un 0,1 por ciento en el segundo trimestre del año. Un mal dato que lastra las previsiones de recuperación de la economía alemana y que pone en duda la subida de tipos de interés que realizó hace unos meses el Banco Central Europeo.
Los países europeos saben que no hay vuelta atrás en este proceso de integración económica, a pesar de las grandes turbulencias que agitan al conjunto. Los beneficios a largo plazo que conlleva este proceso se han convertido en el faro de guía para la Unión Europea, incluso para los países que ya han necesitado de una intervención. Porque salir del euro no es una opción. Sería una hecatombe que haría lastrar las economías nacionales y que acabaría por lastrar las opciones existentes para salir de la crisis.
Volver a la peseta, en el caso de España, no haría más que tumbar el valor de la moneda un 50 por ciento, la inflación ahogaría aún más a las familias y los mercados desconfiarían más de nuestro país. Europa se creó con normas de entrada y no de salida. La crisis es sólo una fase más, que va a crear los nuevos cimientos de la nueva Europa, caracterizada por una completa integración económica de los países de la eurozona y una armonización fiscal que permitirá a todos los europeos vivir en un único territorio. El verdadero sueño europeo acaba de comenzar.

domingo, 14 de agosto de 2011

Malditos especuladores

La economía mundial vive su peor momento desde la caída de Lehman Brothers en el año 2007. Como podemos comprobar las bolsas se tiñen de rojo y los inversores huyen despavoridos de las grandes carteras. Pero... ¿de qué tienen miedo realmente? Esa es la pregunta del millón.
Si nos sentamos cinco minutos a meditar cuáles son las causas que han provocado las últimas jornadas de pánico, lamentablemente no encontramos ningún motivo que lo justifique. ¿Acaso hay un nuevo país que necesite ser rescatado? ¿Alguna hecatombe financiera al estilo de las hipotecas subprime?
Tan sólo la rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos realizada por la agencia de rating Standard & Poor’s así como las dudas de los mercados sobre las economías española e italiana.
Unas valoraciones que hoy día se encuentran en el punto de mira de Europa y Estados Unidos por su credibilidad.
¿Es que no nos damos cuenta que tras emitir su valoración las cosas empeoran en ese país? Las agencias de calificación son las verdaderas responsables de la crisis económica.
Son los verdaderos hilos que mueven a los mercados, los manipula a su antojo, desplumando al país que se pone como objetivo. Después, los especuladores acuden como buitres a despedazar en las posteriores jornadas de emisiones de bonos, exigiendo la máxima rentabilidad posible.
Y es que las agencias se encuentran en una doble liga: son jueces y a su vez jugadores, ya que buena parte de sus socios son los que luego compran bonos en las subastas nacionales. Una posición privilegiada que tienen las tres agencias de calificación (Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch) y que nadie se ha parado a poner trabas a su actividad.
Unas “opiniones” que ya destrozaron una vez la economía mundial y que llevaron al paro a miles de personas, mientras que los ricos especuladores continúan llegando sus arcas de billetitos verdes, comprando mansiones esperpénticas y vehículos de primerísima gama. Un insulto para la clase media, que cada vez se encuentra más alejada de aquella sociedad de bienestar con la que tanto disfrutábamos hace unos años.
Hasta el momento Estados Unidos gozaba de una primerísima triple A que les garantizaba poder endeudarse hasta las cejas (y no las de Zapatero precisamente). Tanto gastar, gastar y gastar hasta que el saco se rompió gracias al tijeretazo de Standard & Poor’s. ¿Y ahora que hará Estados Unidos? ¿Se aliará junto a Europea para al menos regular este oligopolio que ha sido tan criticado en los últimos meses?
Lo cierto que hasta hace un par de año nadie sabía que era una agencia de calificación y hoy casi todos las odiamos, y además con fuerza. Un saco en el que también metemos a los especuladores por hacer dinero de la nada, mientras los demás nos dejamos el pellejo en sacarnos el sueldo. ¿Acaso la magia existe y no nos habíamos enterado? Parece que en economía sí. Estos señores parecen tener la varita mágica que les permite duplicar a su antojo los billetes, una metáfora viva de la multiplicación de los peces y los peces por parte de Jesús.
Malditos especuladores que juegan con nuestro dinero.

lunes, 8 de agosto de 2011

Temor al hundimiento heleno

Europa ha vuelto a temblar económicamente hablando. Los mercados han vuelto a señalar a los países periféricos de Europa de nuevo, no se olvida de sus problemas de deuda, a pesar de que ha sido Estados Unidos quien se ha visto muy cerca del abismo, a punto de entrar en quiebra por las grandes dificultades que han tenido republicanos y demócratas a la hora de alcanzar un acuerdo para elevar el techo de deuda de Estados Unidos.
¿Pero saben ustedes que es lo más sorprendente de todo esto? La impasividad de las agencias de rating ante este macroproblema que casi pone en jaque la economía mundial, que han sufrido países como España e Italia, que han visto como su prima de riesgo han superado los 400 y 375 puntos respectivamente, encareciendo sus perspectivas de financiación. Menos mal que durante el mes de agosto la deuda que se emite es mínima, y por lo tanto, el impacto es mucho menor. Si no... ¿qué hubiera sido de nosotros? Ya les doy yo la respuesta: hubiéramos acabado en el foso donde se encuentran “enterrados” Portugal, Irlanda y Grecia.
Precisamente hablando de la deuda griega, cada vez son más los que desconfían del ambicioso programa de ajuste que el país heleno deberá aplicar en las próximas dos décadas para conseguir reducir su deuda a niveles del 60 por ciento.
Y es que a pesar del voto de confianza que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha dado a Grecia si cumple a rajatabla esta dieta económica, impuesta desde Bruselas, son muchos los ciudadanos griegos que desconfían de la voz de las instituciones oficiales. La misma que les ha llevado a saborear la ruina tras años de delirio económico.
Desde que se abrió la caja de Pandora en este país, muchos han sido los griegos que se han acercado silenciosamente a sus respectivos bancos a sacar sus ahorros o blindarlos ante el miedo a un corralito. Y es que éxito o el fracaso de esta macrooperación de ajuste todavía es un misterio.
¿Se tomará Grecia en serio su plan de ajuste, castigando a toda una generación a sufrir las consecuencias económicas de una mala gestión de sus recursos públicos? O de lo contrario, ¿dejará Grecia la moneda única para poder utilizar la devaluación como instrumento financiero de recuperación económica?
Todo dependerá de la seriedad con la que el gobierno griego aplique su plan de ajuste. Y es que cabe recordar hace tan sólo unas semanas salían a la luz pública informaciones que aseguraban el despilfarro heleno, como la contratación de cincuenta jardineros encargados de cuidar un pequeño jardín de un conocido hospital de Atenas, decenas de coches oficiales, sueldos públicos desorbitados...
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que haga Grecia, el país tiene un reto mucho más importante: salir de las oscuras garras del mercado, un reto digno de un largometraje. Y es que cuando se entra en la espiral de desconfianza de las agencias de rating... resulta difícil dar la vuelta a la tortilla. Sino que se lo pregunten al Gobierno español. Por más que hagan reformas económicas y laborales, las agencias de rating todavía tienen una extraña fijación con nuestro país.

miércoles, 3 de agosto de 2011

En busca de una mayor competitividad

Uno de los grandes problemas que arrastran buena parte de las empresas españolas son sus problemas de competitividad para situar su modelo de negocio en una posición relevante en el mercado. Una situación de máxima urgencia que se ha puesto en relieve con la llegada de la crisis económica, un problema que muchas compañías aún no han conseguido resolver.
La cultura empresarial actual ha quedado prácticamente obsoleta ante el drástico panorama económico, que afecta tanto a empresarios como a empleados. Antes había trabajo para todo el mundo, incluso para los que no buscaban. Ahora casi te tienes que pelear con el vecino para conseguir un puesto a cambio de un salario lejos de la barrera mileurista. Y es que los tiempos han cambiado. En época de bonanza todo era un paraíso multicolor, con florecillas por las esquinas y mariposas revoloteando entre los escritorios. En estos momentos, los que tienen la suerte de estar contratados tienen que hacer un esfuerzo para demostrar que están por y para la empresa. Una carga de trabajo extra que, por supuesto, no está remunerado económicamente.
En los últimos tiempos son muchas las empresas que piden a sus empleados se sacrifiquen por la empresa con el objetivo de mejorar su competitividad y conseguir que la empresa se sitúe en una mejor posición en el sector. Sin embargo... ¿es esta la forma adecuada de conseguir mejorar la rentabilidad de sus empleados?
Algunos empresarios piensan en la recurrible idea de adjudicar más carga laboral a sus empleados, un tremendo error que puede acabar por perjudicar profesionalmente al empleado, acabando con su sentido de pertenencia a la empresa y destruyendo su interés por la actividad que realiza. Un factor, digno de estudio, que muchos empresarios ignoran y prefieren sacrificar a sus empleados en momentos difíciles.
“Calentar el asiento” se ha convertido en uno de los falsos mitos a los que muchos empresarios han acudido con el fin de aumentar su productividad.
Esta demostrado que la eficiencia no está en echar más horas en la compañía sino en el arte de mantener el interés del trabajador en su actividad. Para ello es importante fijarse en compañías como Google, que ofrecen una flexibilidad laboral a sus empleados, sueldos dignos de un buen ejecutivo, incentivos económicos para mantener la buena actividad en la empresa. Todo un paraíso para el trabajador. Y es que... ¿quién no querría trabajar en Google?
No obstante, dejemos de soñar por un momento para centrarnos en un problema que perjudicar a nuestro país económicamente hablando.
España necesita mejorar su posición empresarial en los mercados, demostrar que es capaz de conseguir más con menos recursos, demostrar su eficacia en el mundo empresarial. Y es que, actualmente, países como Alemania, Noruega y Suecia cuentan con un mayor nivel de productividad, aunque sus empleados trabajan menos horas a la semana.
¿Qué es lo que ocurre exactamente para que nuestro país no consiga despegar en términos de eficiencia y productividad? ¿Será un problema cultural de alcance nacional? Todo un misterio digno de resolver por Iker Jiménez.