Uno de los grandes problemas que arrastran buena parte de las empresas españolas son sus problemas de competitividad para situar su modelo de negocio en una posición relevante en el mercado. Una situación de máxima urgencia que se ha puesto en relieve con la llegada de la crisis económica, un problema que muchas compañías aún no han conseguido resolver.
La cultura empresarial actual ha quedado prácticamente obsoleta ante el drástico panorama económico, que afecta tanto a empresarios como a empleados. Antes había trabajo para todo el mundo, incluso para los que no buscaban. Ahora casi te tienes que pelear con el vecino para conseguir un puesto a cambio de un salario lejos de la barrera mileurista. Y es que los tiempos han cambiado. En época de bonanza todo era un paraíso multicolor, con florecillas por las esquinas y mariposas revoloteando entre los escritorios. En estos momentos, los que tienen la suerte de estar contratados tienen que hacer un esfuerzo para demostrar que están por y para la empresa. Una carga de trabajo extra que, por supuesto, no está remunerado económicamente.
En los últimos tiempos son muchas las empresas que piden a sus empleados se sacrifiquen por la empresa con el objetivo de mejorar su competitividad y conseguir que la empresa se sitúe en una mejor posición en el sector. Sin embargo... ¿es esta la forma adecuada de conseguir mejorar la rentabilidad de sus empleados?
Algunos empresarios piensan en la recurrible idea de adjudicar más carga laboral a sus empleados, un tremendo error que puede acabar por perjudicar profesionalmente al empleado, acabando con su sentido de pertenencia a la empresa y destruyendo su interés por la actividad que realiza. Un factor, digno de estudio, que muchos empresarios ignoran y prefieren sacrificar a sus empleados en momentos difíciles.
“Calentar el asiento” se ha convertido en uno de los falsos mitos a los que muchos empresarios han acudido con el fin de aumentar su productividad.
Esta demostrado que la eficiencia no está en echar más horas en la compañía sino en el arte de mantener el interés del trabajador en su actividad. Para ello es importante fijarse en compañías como Google, que ofrecen una flexibilidad laboral a sus empleados, sueldos dignos de un buen ejecutivo, incentivos económicos para mantener la buena actividad en la empresa. Todo un paraíso para el trabajador. Y es que... ¿quién no querría trabajar en Google?
No obstante, dejemos de soñar por un momento para centrarnos en un problema que perjudicar a nuestro país económicamente hablando.
España necesita mejorar su posición empresarial en los mercados, demostrar que es capaz de conseguir más con menos recursos, demostrar su eficacia en el mundo empresarial. Y es que, actualmente, países como Alemania, Noruega y Suecia cuentan con un mayor nivel de productividad, aunque sus empleados trabajan menos horas a la semana.
¿Qué es lo que ocurre exactamente para que nuestro país no consiga despegar en términos de eficiencia y productividad? ¿Será un problema cultural de alcance nacional? Todo un misterio digno de resolver por Iker Jiménez.
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miércoles, 3 de agosto de 2011
martes, 5 de abril de 2011
¡Menos becarios y más trabajadores, señores!
A medida que España avanza hacia el camino de la crucial recuperación, la creación de empleo parece resistirse a pesar de las medidas gubernamentales que buscan desesperadamente generar puestos de trabajo con los que aliviar las cargadas listas de paro. Y es que hace tiempo que superamos la barrera de los cuatro millones de parados, entre ellos cientos de miles de jóvenes que buscan una oportunidad para entrar en el mercado laboral, ya sea a través de becas o puestos formativos de seis o doce meses de duración.
Cierto es que nuestros jóvenes, entre los que yo me incluyo, necesitamos de esa primera, segunda o incluso tercera experiencia profesional para afianzar su trayectoria en el mundo laboral. Las becas suponen un importante paso para los miles de estudiantes universitarios y de los ciclos formativos que están ultimando sus estudios y necesitan de un trampolín para entrar en el mercado laboral, pues por desgracia, los libros no ofrecen todo el conocimiento y es la experiencia la que verdaderamente prepara a estos profesionales del futuro.
Una jugosa oportunidad de la que también se hacen eco las grandes, medianas y pequeñas empresas, que ven un trabajador más sin tener que pagar costes de la seguridad social, y que en muchos casos reciben beneficios fiscales al incluir becarios en su plantilla profesional. Sin embargo, cuando las becas finalizan... ¿qué pasa realmente con estos jóvenes profesionales? ¿Acaso existe un verdadero proyecto para integrarlos completamente en el mercado laboral? Es cierto que algunas multinacionales y grandes empresas poseen verdaderos planes formativos que finalizan en muchas ocasiones con la incorporación del becario a la plantilla de la compañía, pero no es lo que ocurre en la mayoría de los casos.
Muchos acaban de nuevo a engrosar las listas del paro, sin ningún tipo de derecho a prestación ni cotización. Muchos de ellos ni siquiera acuden a la oficinas del INEM ya que tan sólo ven que van a ser un número más en las listas del paro. “¿Para qué? ¿Para perder una mañana?”, piensan muchos de estos becarios.
Lo que resulta tremendamente necesario es impulsar la contratación de empleados en las pequeñas y medianas empresas de este país, que son las que verdaderamente van a contribuir a la recuperación económica a través de medidas destinadas a financiar y subvencionar los costes laborales a cambio de contratos indefinidos y, sobretodo, medidas para promocionar el autoempleo e incentivar el espíritu emprendedor a través de líneas de financiación a cero coste.
Porque creo firmemente que entre los más de 4 millones de españoles que engrosan las listas del desempleo (y otros tantos que no están apuntados) existen ideas brillantes, que a falta de financiación y crédito no se ponen en marcha. Y es que, quién no arriesga no gana, y por desgracia muchas son las ideas que se quedan en el banquillo a la espera de ser titular en primera división. Ideas emprendedoras que necesitan creyentes y no tantas trabas para ser desarrolladas en su máxima expresión.
Cierto es que nuestros jóvenes, entre los que yo me incluyo, necesitamos de esa primera, segunda o incluso tercera experiencia profesional para afianzar su trayectoria en el mundo laboral. Las becas suponen un importante paso para los miles de estudiantes universitarios y de los ciclos formativos que están ultimando sus estudios y necesitan de un trampolín para entrar en el mercado laboral, pues por desgracia, los libros no ofrecen todo el conocimiento y es la experiencia la que verdaderamente prepara a estos profesionales del futuro.
Una jugosa oportunidad de la que también se hacen eco las grandes, medianas y pequeñas empresas, que ven un trabajador más sin tener que pagar costes de la seguridad social, y que en muchos casos reciben beneficios fiscales al incluir becarios en su plantilla profesional. Sin embargo, cuando las becas finalizan... ¿qué pasa realmente con estos jóvenes profesionales? ¿Acaso existe un verdadero proyecto para integrarlos completamente en el mercado laboral? Es cierto que algunas multinacionales y grandes empresas poseen verdaderos planes formativos que finalizan en muchas ocasiones con la incorporación del becario a la plantilla de la compañía, pero no es lo que ocurre en la mayoría de los casos.
Muchos acaban de nuevo a engrosar las listas del paro, sin ningún tipo de derecho a prestación ni cotización. Muchos de ellos ni siquiera acuden a la oficinas del INEM ya que tan sólo ven que van a ser un número más en las listas del paro. “¿Para qué? ¿Para perder una mañana?”, piensan muchos de estos becarios.
Lo que resulta tremendamente necesario es impulsar la contratación de empleados en las pequeñas y medianas empresas de este país, que son las que verdaderamente van a contribuir a la recuperación económica a través de medidas destinadas a financiar y subvencionar los costes laborales a cambio de contratos indefinidos y, sobretodo, medidas para promocionar el autoempleo e incentivar el espíritu emprendedor a través de líneas de financiación a cero coste.
Porque creo firmemente que entre los más de 4 millones de españoles que engrosan las listas del desempleo (y otros tantos que no están apuntados) existen ideas brillantes, que a falta de financiación y crédito no se ponen en marcha. Y es que, quién no arriesga no gana, y por desgracia muchas son las ideas que se quedan en el banquillo a la espera de ser titular en primera división. Ideas emprendedoras que necesitan creyentes y no tantas trabas para ser desarrolladas en su máxima expresión.
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