La sequía crediticia se ha convertido en uno de los problemas más importantes para la supervivencia de las pequeñas y medianas empresas, y por lo tanto, para la creación de empleo en nuestro país. Las entidades de créditos imponen duras condiciones a los integrantes de nuestro débil tejido empresarial, que necesitan urgentemente de capital crediticio para poder engrasar la maquinaria que mueve su negocio.
Y es que no es raro hablar con cualquier empresario y conocer de primera mano que tras largos años de dedicación en el mundo de los negocios y amplias relaciones cordiales con sus bancos de toda la vida en tiempos de bonanzas, ahora deben deambular entre entidades para conseguir la aceptación de un crédito que permita la continuidad de su actividad.
La falta de dinero ha obligado a numerosos empresarios a dejar en la calle a miles de trabajadores, nominas sin abonar y procesos judiciales interminables al no poder cumplirse las partes contractuales que existían hasta entonces entre empresa y empleado.
Situaciones que se han convertido en algo más que habitual con la llegada de la crisis, que derribó ya una vez la “fortaleza” crediticia de bancos y entidades de todo el mundo y que ahora parece cebarse con la estructura financiera de Europa. Y es que en los últimos meses Europa ha mostrado la cara más débil de su sistema financiero debido al estancamiento de Alemania, la locomotora de Europa, los problemas de deuda soberana que sufren los países periféricos, los recortes en la calificación crediticia y el cuestionamiento internacional de la moneda única.
Problemas que el viejo continente no ha conseguido atajar con el paso del tiempo ante la falta de acuerdos que existen entre los dirigentes europeos. Es más, han ido a peor. No por la debilidad del sistema sino por el acoso de los mercados, que ha conseguido acabar con los principales pilares que sujetaban su economía.
Ciñéndonos al tema de la sequía financiera, hace unas semanas la Comisión Europea anunció un plan para volver a recapitalizar las entidades financieras europeas además de las asfixiantes exigencias que ahora se imponen a las entidades, lo que podría ahogar (aun más si cabe) el estancado crédito.
Una nueva situación financiera que deja con una mano delante y otra mano detrás a las entidades españolas, que ya vivieron en su momento un proceso de reestructuración y recapitalizaciónes.
Exigir más capital supone dejar menos recursos para el flujo del crédito. Para que nos entendamos: los bancos tendrán menos dinero para prestar a sus clientes empresarios para que puedan ejecutar sus proyectos y contratar nuevo personal.
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