domingo, 20 de marzo de 2011

La vivienda reacciona a las dudas del BCE

Las señales de humos que a primeros de marzo lanzó el Banco Central Europeo parecen haber despertado al sector inmobiliario español, que en estos últimos meses parecía haber entrado en una fase de estancamiento a pesar de que los precios de la vivienda todavía se encuentran “muy sobrevalorados”.
Lo que hace tan sólo unos años se había convertido en la principal cartera de inversión de muchos españoles, donde se compraba vivienda nueva para especular con ella y obtener el mayor beneficio posible, se ha convertido en una condena que arrastra a compradores y vendedores a un círculo vicioso que parece no tener final.
Y es que son muchas las familias que se han visto abocadas a vender sus casas a un precio inferior para conseguir salir adelante tras encontrarse atado por hipotecas infumables para un mileurista.
A pesar de que en los dos últimos años el euríbor ha descendido considerablemente gracias a la bajada de tipos que realizó el BCE cuando la crisis económica arrasó como un tsunami a todas las economías europeas (por desgracia, en el caso español la ola arrasó con especial virulencia), son muchos los hipotecados que apenas notaron un alivio en sus bolsillos debidos a las infernales cláusulas de suelo presentes en muchas hipotecas.
Hace tan sólo unos días The Economist se hizo eco de la situación en la que se encuentra realmente el mercado inmobiliaria en nuestro país. El semanario británico hace especial hincapié en el valor sobrevalorado de nuestros inmuebles, concretamente un 47,6 por ciento, y descarta que los precios del sector inmobiliario hayan tocado fondo todavía. The Economist pone en evidencia además que el precio de la vivienda se ha disparado en un 154 por ciento desde 1997. Una auténtica burrada para las nuevas generaciones que ven el llamado “acceso universal a la vivienda” como un deseo inalcanzable para el resto de los mortales.
La llamada de atención del BCE, que indicó una posible subida de los tipos de interés en el próximo mes de abril, ha conseguido despertar un miedo entre los sonámbulos propietarios, pendientes de una recuperación de los precios de mercados para sacar su cartelito de “Se vende” y sacar tajada de un nuevo festín. Como en los viejos tiempos. Y es que una subida de tipos afectaría considerablemente a la escalada alcista del euríbor, que podría afectar a la decisión de compra de algunos potenciales clientes, además de pagar más por su hipoteca mientras vende o no vende. Por ello, son muchos los que han decidido tirarse a la piscina en estos últimos días, rebajando el precio de sus viviendas (hasta un 8 por ciento, según algunos portales inmobiliarios) para conseguir colocarla al mejor postor.
No obstante, los últimos acontecimientos catastróficos que han afectado a Japón ha obligado al Banco Central Europeo a replantearse subir los tipos de interés, que actualmente se encuentran al 1 por ciento. ¿Decidirá el BCE mantener estables los tipos de interés y dar un pequeño respiro a las familias hipotecadas ante las últimas turbulencias?

viernes, 18 de marzo de 2011

Billetes aéreos, cada vez más caros

Este año las vacaciones nos van a salir un poco más caras de la cuenta si el destino contratado requiere comprar un pasaje de avión, precios que se han disparado como consecuencia de la subida de precios de carburante a raíz de las revueltas que han protagonizado países como Libia o Barhein, principales productores del llamado “oro negro”.
El precio del crudo se ha disparado por encima de la barrera de los 100 dólares y los expertos vaticinan que para los próximos meses el precio del barril no experimentará descensos importantes. Es más, algunos vaticinan que durante los próximos años la escalada del “oro negro” podría llegar a los 150 dólares, lo que supondría un importante revés para las economías dependiente energéticamente y para las empresas del sector del transporte.
El consumidor es el principal perjudicado de esta subida de precios, que ve cómo sus billetes ya no resultan tan baratos por un factor ajeno a su pequeño bolsillo. Nos hemos acostumbrado a sentar en asientos baratos, donde la palabra “low cost” sonaba por todas partes. Así daba gusto viajar. Conseguir suculentos billetes de avión a precios de gangas (cuentan algunas historias que algunos conseguían billetes por el precio de un café) ya es casi un mito.
Las aerolíneas han puesto el grito en el cielo cuando han visto que sus beneficios podían peligrar por culpa de los enfrentamientos que se han desatado entre detractores y partidarios del general Gadafi.
Sin embargo, lo que el consumidor no sabe es que las aerolíneas compran el combustible para sus vuelos comerciales un año antes de ser usado. Por lo tanto, esta subida de precios se encuentra totalmente injustificada y fuera de lugar ya que tendría que efectuarse si no me fallan las cuentas... a principios de 2012. Una medida de ajuste que llega antes de tiempo en beneficio de las aerolíneas que tan sólo quieren ver un saldo positivo en su balance de cuentas.
Y tal cómo apuntan las previsiones, que no prevén un descenso en los precios del crudo, al menos en un futuro inmediato, será mejor que todos lo que queramos irnos de vacaciones vayamos mirando fechas con bastante tiempo de antelación para conseguir los precios más competitivos y que tengamos finalmente unas vacaciones medianamente rentables. Eso si la huelga de 22 días que acaba de anunciar los sindicatos de Aena entre los meses de abril y agosto no acaban por arruinar nuestros planes de viaje en la cola de embarque, un varapalo para nuestros bolsillos y nuestros deseos y a nuestras ilusiones, tras meses planificando unos días de relax y tranquilidad.
No obstante, nos podemos considerar unos auténticos suertudos los que puedan disfrutar de sus vacaciones. Por desgracia, son miles las familias desamparadas en la cola del desempleo buscando sobrevivir. Y el mundo sigue girando...

lunes, 14 de marzo de 2011

El estancamiento llama a nuestra puerta

El encarecimiento del precio del petróleo se ha convertido en un obstáculo más para la recuperación de la economía española, que todavía sigue estancada y cuyas cifras de paro no ayudan en nada. En total son más de 4,299 millones de personas que se encuentran apuntadas a las listas del paro, buscando desesperadamente un puesto de trabajo con el que puedan alimentar a sus familias. Pero ahí no queda la cosa: los jóvenes son los que más sufren la lacra del desempleo. Más de 42 por ciento de los jóvenes menores de 25 años siguen buscando trabajo, mucho de ellos su primera experiencia laboral. Una vez más, los más débiles de la cadena (laboral) son los más perjudicados en esta crisis económica.

La recuperación económica se vaticina lenta, tan lenta que corremos peligro de sufrir un fenómeno desconocido para muchos de nosotros que es la estanflación. ¿Y de que se trata exactamente? Pues la estanflación tiene lugar cuando una economía se estanca y se produce una subida de los precios (formalmente se considera que un país se encuentra en estanflación cuando su Producto Interior Bruto decrece dos trimestres consecutivos). Un nuevo fantasma por encima de la economía española, cuya sombra parece no tener límites dada la crisis del crudo que está teniendo lugar con las revueltas que está teniendo lugar en países como Barheim y Libia. Ante esta nueva amenaza que se cierne sobre el horizonte, que parece no dejar descansar a la economía española tras las dudas que asaltaron a los mercados meses atrás, el Gobierno de Zapatero puso en marcha la fabulosa máquina de las ideas para diseñar un plan para contrarrestar los posibles efectos que traerán consigo un alza del precio del crudo.

Y es que la dependencia energética del exterior que tiene España es una de las más altas de Europa. A pesar de todos los intentos de poner en marcha la máquina de las energías renovables, que parecía prometer el oro y el moro a inversores, eléctricas y ecologistas; lo cierto que España sigue dependiendo del petróleo de Libia e Irán o el gas de Argelia.

Una dependencia que ha llevado al Ministerio de Industria para reducir el límite de velocidad en 110 kilómetros por hora a través de unas “particulares” pegatinas que ocultarán temporalmente los actuales 120. Otras de las medidas que se pretenden implantar como medida de ahorro es cambiar todas las bombillas de las administraciones y de las farolas de todas las carreteras por bombillas de bajo consumo, pero... ¿Cuántos millones de bombillas pretende cambiar el Gobierno y cuánto dinero va a suponer para las arcas? ¿Alguien se ha planteado esto? Eso sí, me parece correcto que el Ejecutivo se plantee reducir el uso de los coches oficiales o evitar el malgasto de la luz eléctrica que muchos organismos públicos hacen a deshoras. Aunque para variar, son medidas que llegan tarde, que podrían haberse ejecutado meses atrás.